Esto es de junio del 2005
Saludos
Lucía
No habían pasado ni siquiera diez minutos de recorrido cuando descendió del ómnibus. Se internó en la calle que emergía tras los árboles desnudos. Caminó lentamente unas dos cuadras mientras las hojas húmedas y muertas se amontaban en la vereda. Las recién caídas crujían casi silenciosamente bajo sus pies. El otoño emitía sus últimos susurros , junio se expresaba en un día soleado haciendo una tregua tras los días lluviosos que habían azotado la cuidad.
Su recorrido se vio interrumpido por una breve redondez de piedra y pasto, algo así como una plazoleta en el que reinaba una parada de transporte de pasajeros. Dobló hacia la izquierda perdiendo la curva que la calle formaba. Un aroma a eucaliptus penetró en su cuerpo. Las tapas de sus frutos poblaban el suelo con sus tonos marrones y verdes, como si hubieran sido conquistados por hongos. Se le ocurrió que ese verde podría bautizarse como verde moho. Subió su vista y se maravilló por los enormes eucaliptus todavía florecidos entre las enormes copas.
Un grupo de adolescentes interrumpió su visión de estos autótrofos. Munidas de enormes tablas de dibujo, mochilas sobre sus excesivamente delgados cuerpos. El sol de ese momento los había sorprendido como a muchos otros habitantes de esa cuidad, con demasiadas ropas.
Miles de hojas tapizaban sus pasos, hogar de numerosos seres, insectos, hongos, que se mantenían alejados de las personas que obsesivamente encienden hogueras donde queman los remanentes foliares que habían caído pintando el paisaje de tonos ocres y amarillos en contraste con el monótono gris del hormigón. Más aún cuando parecían haberse perdido aquellas baldosas amarillas con canaletas que dificultaban patinar cuando era pequeña.
Cruzó la calle descubriendo una feria casi inerte con vestigios de algunos puestos que estaban siendo desarmados. El color del ladrillo llenó sus ojos, tan liso y homogéneo que parecía que hubiese sido pintado con un pincel. Súbitamente toda esa percepción fue interrumpida por el canturreo de las cotorras que habitan en las copas de los eucaliptus. El chisporroteo de sus cantos, sus enormes nidos construidos con palitos, colectivos, para varios habitantes, magistrales.
Atrás quedo la enorme plaza, poblada de hermosos y centenarios árboles, con sus pájaros y juegos tan inmaculada que parecería que nadie la habitaba. El mar azul coronaba la calle, aunque el aire carecía de aroma como si ni siquiera este hubiera despertado. Eran apenas las dos de la tarde y la ciudad todavía parecía somnolienta con alguna gente que se animaba a dejarse seducir por su enorme belleza.
Mostrando las entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
lunes, 5 de febrero de 2007
sábado, 27 de enero de 2007
Fabían.
Qué impresionante que es tu recuerdo.Han pasado
16 años y todavía me eriza la piel acordarme de vos.De
las cosas que hicimos,de la pasión que nos daba estar
juntos.No puedo olvidar que me decías que era un volcán.
La metáfora me gusta, me gustaba ya en esa época.Entendía
que era correcta, que describía parte de mí.
No puedo evitar pensar en tu piel.En el sabor que tenía,
en la suavidad que tenía, en tu cabello negro,en tus rulos,
en tu pene.En esa vez que nos bañamos juntos luego de haber
hecho el amor.En tus manos enjabonandome.
Rememoro tus dedos en mi vagina, cuando aún no podíamos estar
solos, en la complicidad de la tele que quizás ahogaba
los gemidos que arrancabas de mí.
Tampoco puedo olvidarme de cuando te vi por el 2001,2002.
Mejor dicho me viste vos en el ómnibus.Que me saludaste y
hablamos y me dijiste que estabas trabajando ahi cerca de donde
bajamos. Y me invitaste a un café. Y yo dije que iría, pero luego
me dió mucha timidez y estupidamente no lo hice. Recuerdo que me
contaste de tu casamiento y de tus nenas. Increíblemente vivías
cerca de casa.
Si hubiera ido quizás hubieramos hecho el amor en algún momento.
No creo que hubieramos perdido esa oportunidad de volver a sentir la
piel del otro.
Y si leyeras esto, soy yo si.Aquella mujer de 15 años a la que
vos le decías volcancito y que en una navidad del año 90 te hizó
el amor en aquel departamento de Colón.
Lucía
16 años y todavía me eriza la piel acordarme de vos.De
las cosas que hicimos,de la pasión que nos daba estar
juntos.No puedo olvidar que me decías que era un volcán.
La metáfora me gusta, me gustaba ya en esa época.Entendía
que era correcta, que describía parte de mí.
No puedo evitar pensar en tu piel.En el sabor que tenía,
en la suavidad que tenía, en tu cabello negro,en tus rulos,
en tu pene.En esa vez que nos bañamos juntos luego de haber
hecho el amor.En tus manos enjabonandome.
Rememoro tus dedos en mi vagina, cuando aún no podíamos estar
solos, en la complicidad de la tele que quizás ahogaba
los gemidos que arrancabas de mí.
Tampoco puedo olvidarme de cuando te vi por el 2001,2002.
Mejor dicho me viste vos en el ómnibus.Que me saludaste y
hablamos y me dijiste que estabas trabajando ahi cerca de donde
bajamos. Y me invitaste a un café. Y yo dije que iría, pero luego
me dió mucha timidez y estupidamente no lo hice. Recuerdo que me
contaste de tu casamiento y de tus nenas. Increíblemente vivías
cerca de casa.
Si hubiera ido quizás hubieramos hecho el amor en algún momento.
No creo que hubieramos perdido esa oportunidad de volver a sentir la
piel del otro.
Y si leyeras esto, soy yo si.Aquella mujer de 15 años a la que
vos le decías volcancito y que en una navidad del año 90 te hizó
el amor en aquel departamento de Colón.
Lucía
domingo, 21 de enero de 2007
Noche sin grillos
La narración absurda de la noche. Los grillos que van y vienen
por los céspedes lejanos. Los valles y esas elevaciones que interrumpen
la monotonía del paisaje. Lo hacen de la manera más exquisita
ya que su constatación causa los más dulces placeres.
De nuevo la noche poblada de estrellas y grillos aquellos
que persisten en dotarla de un suave murmullo.
Su canto que no es inocente ya que denota su reproducción inminente.
Los rituales por la búsqueda de la pareja. Lamentablemente pocos
lo saben y la mayoría ha olvidado su significado e importancia.
La misma importancia que tiene tu voz que ahora resuena a mi lado
mientras escribo de madrugada con la puerta abierta intentando
escuchar esos grillos que cantarán seguramente en otras hierbas.
2006
por los céspedes lejanos. Los valles y esas elevaciones que interrumpen
la monotonía del paisaje. Lo hacen de la manera más exquisita
ya que su constatación causa los más dulces placeres.
De nuevo la noche poblada de estrellas y grillos aquellos
que persisten en dotarla de un suave murmullo.
Su canto que no es inocente ya que denota su reproducción inminente.
Los rituales por la búsqueda de la pareja. Lamentablemente pocos
lo saben y la mayoría ha olvidado su significado e importancia.
La misma importancia que tiene tu voz que ahora resuena a mi lado
mientras escribo de madrugada con la puerta abierta intentando
escuchar esos grillos que cantarán seguramente en otras hierbas.
2006
martes, 16 de enero de 2007
Persistente Necesidad
Persistente Necesidad
La necesidad de acción, de acción interna, de movimiento casi sin percepción de los otros. La nada, ese vago vacío al que temen los hombres. Esa lejanía sin árboles, grillos ni espejos. Esa vacuidad aletargada en la esquina del tiempo. Ese espacio que provoca el pavor y los aullidos silenciosos de los que se atreven a respirar el pesado aire que los rodea.
La necesidad de saber de otros, la estúpida necesidad de la certeza. La convicción incierta y falsa. La certeza de que estamos errados aunque creamos que estamos en la precisa verdad.
El viaje en milésimas de segundos a tu piel, al aire que la rodea. Allí donde nada existe, donde aunque me mienta todo es certeza. El golpeteo de las cortinas de plástico contra los ventanales. El olor a mar que persiste. Otra certeza que no es. La uruguaya persistencia de nombrar ciertas cosas con nombres que no son. El olvido del estuario y el establecimiento del mar. Ese mismo mar que nos baña, recupera, enamora así como el olor de tu piel cuando te veo.
28-03-06
La necesidad de acción, de acción interna, de movimiento casi sin percepción de los otros. La nada, ese vago vacío al que temen los hombres. Esa lejanía sin árboles, grillos ni espejos. Esa vacuidad aletargada en la esquina del tiempo. Ese espacio que provoca el pavor y los aullidos silenciosos de los que se atreven a respirar el pesado aire que los rodea.
La necesidad de saber de otros, la estúpida necesidad de la certeza. La convicción incierta y falsa. La certeza de que estamos errados aunque creamos que estamos en la precisa verdad.
El viaje en milésimas de segundos a tu piel, al aire que la rodea. Allí donde nada existe, donde aunque me mienta todo es certeza. El golpeteo de las cortinas de plástico contra los ventanales. El olor a mar que persiste. Otra certeza que no es. La uruguaya persistencia de nombrar ciertas cosas con nombres que no son. El olvido del estuario y el establecimiento del mar. Ese mismo mar que nos baña, recupera, enamora así como el olor de tu piel cuando te veo.
28-03-06
lunes, 15 de enero de 2007
Visión
Así se titula.Pero no porque sea algo místico, algo que tenga que ver
con lo extrasensorial.Sino todo lo contrario. Porque es algo que
alguien puede ver. Una escena, un fragmento de tiempo perdido.
¡Qué lo disfruten!
Lucía
Sentada en su sillón preferido, reclinada levemente hacia atrás, los ojos cerrados, las narinas marcando el ritmo de la respiración, los dedos que tamborilean en el aire. Uno la mira y se pregunta qué pensara en este momento. Ella lo recuerda, una de las pocas veces que lo oyó reír, reírse como gotas de lluvia en el océano silente y calmo, como diapasones invisibles en los cristales. Recuerda así mismo en su letargo la piel suave y los detalles que ha olvidado. Rememora las caricias aparentemente abandonadas en algún rincón de los días, vuelve a sentir las manos de él, grandes, sus dedos largos que se deslizan sigilosamente hacia los lugares más recónditos de su breve cuerpo. Vuelve a sentir sus labios en los pezones, la persecución de sus lunares, y el riguroso conteo de su exacta localización forma y color. Recordó las manos que palpan, que toman, que miden, que pellizcan inconscientemente, los gemidos que huyen de las bocas y llenan como insectos el lugar, como mariposas nocturnas negadas a volar, presas de la habitación, presas del placer reinante. Ese placer que casi es corpóreo, que casi se puede palpar, que casi sonríe y habla. Que suspira y se vuelve aire para volver a ellos en un círculo vicioso que los envuelve sin estar próximos, que los contacta sin tocarlos.
11-1-06
12-1-07
con lo extrasensorial.Sino todo lo contrario. Porque es algo que
alguien puede ver. Una escena, un fragmento de tiempo perdido.
¡Qué lo disfruten!
Lucía
Sentada en su sillón preferido, reclinada levemente hacia atrás, los ojos cerrados, las narinas marcando el ritmo de la respiración, los dedos que tamborilean en el aire. Uno la mira y se pregunta qué pensara en este momento. Ella lo recuerda, una de las pocas veces que lo oyó reír, reírse como gotas de lluvia en el océano silente y calmo, como diapasones invisibles en los cristales. Recuerda así mismo en su letargo la piel suave y los detalles que ha olvidado. Rememora las caricias aparentemente abandonadas en algún rincón de los días, vuelve a sentir las manos de él, grandes, sus dedos largos que se deslizan sigilosamente hacia los lugares más recónditos de su breve cuerpo. Vuelve a sentir sus labios en los pezones, la persecución de sus lunares, y el riguroso conteo de su exacta localización forma y color. Recordó las manos que palpan, que toman, que miden, que pellizcan inconscientemente, los gemidos que huyen de las bocas y llenan como insectos el lugar, como mariposas nocturnas negadas a volar, presas de la habitación, presas del placer reinante. Ese placer que casi es corpóreo, que casi se puede palpar, que casi sonríe y habla. Que suspira y se vuelve aire para volver a ellos en un círculo vicioso que los envuelve sin estar próximos, que los contacta sin tocarlos.
11-1-06
12-1-07
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
