domingo, 4 de febrero de 2007

Antonieta Rivas Mercado II






Antonieta Rivas Mercado

Antonieta Rivas Mercado y García Lorca

Antonieta Rivas Mercado en 1929 fotografiada por Tina Modotti

Antonieta Rivas Mercado

El otro día mientras charlaba con J y el me
sombrada a Nahuí Olli, de pasada me nombró a otra
escritora de su país que yo también desconocía.
Se llamaba Antonieta Rivas Mercado y tuvo una historia
muy particular.Lo malo es que su vida terminó a los 31
años. Por lo que J me contó se suicidó en La catedral
de Notre Damme en París, solo que este hecho es negado,
desmentido por la Iglesia. En ese momento le pregunté
a J por qué era eso. (Por suerte mi ignorancia en temas
religiosos es enorme). Y el me contó que si la iglesia
admitiera dicho hecho debían consagrar de nuevo el lugar
y juntar allí a los tipitos de colorado,esos de la boinita
arriba del seso.

Esto conllevó a que me interesa más la obra de esta artista.

Así que ahí va un par de artículos sobre ella para que nos
desaznemos un poco y seamos más felices( yo cuando se más, me
siento más feliz).

Besotes calurosos.
J mandame besos de nieve desde allá :)

Lucía

Como siempre el artículo está extraído de:

www.jornada.unam.mx/2005/08/22/a07n1cul.php


MONICA MATEOS-VEGA



El investigador Juan Ruiz Cárdenas, quien lleva más de dos décadas recopilando información y material documental de Antonieta Rivas Mercado (1900-1931), da a conocer por conducto de La Jornada dos fotografías inéditas de una de las mujeres que más influyó en la cultura del México de principios del siglo XX.

Se trata de dos retratos captados por la italiana Tina Modotti (1896-1942), alrededor de 1929, apenas dos años antes del suicidio de Antonieta. Provienen de una sesión fotográfica que se realizó en el estudio del pintor Manuel Rodríguez Lozano (1896-1971).

Las imágenes pertenecen al archivo que Rodríguez Lozano heredó a Conchita Bermúdez y su esposo, el pintor Nefero, y fueron realizadas durante una de las épocas más intensas en la vida de Rivas Mercado cuando, entre otras actividades, impulsaba la conformación de la Or-questa Sinfónica de México (fundada el 4 de septiembre de 1928), sobrellevaba un divorcio difícil y peleaba por la custodia de su único hijo.

A esa misma sesión pertenecen algunas de las fotos incluidas en un libro realizado por Andrés Henestrosa, amigo de Antonieta. Ella fue la editora de su libro Los hombres que dispersó la danza y él la presentó, en 1928, con José Vasconcelos, de quien Rivas Mercado se enamoraría y apoyaría febrilmente su carrera en pos de la Presidencia del país.

Juan Ruiz Cárdenas informó también que se encuentra en pláticas con la recién creada Fundación Rivas Mercado para entregarle su archivo sobre Antonieta.

La asociación comenzó labores en septiembre del año pasado. Su compromiso es difundir la vida y obra tanto del arquitecto Antonio Rivas Mercado como de Antonieta, explicó a La Jornada Ana Kuri, directora de la fundación.

"Queremos crear centros socioculturales comunitarios para los niños y jóvenes de áreas marginadas. En particular, enfocaremos nuestra labor en el trabajo con niños de la calle, los cuales tienen un potencial artístico impresionante, están ávidos de cultura. Sólo falta saberles llegar. Con ello continuamos la labor que inició Antonieta a principios del siglo pasado", detalló Kuri.

Agregó que se encuentran en pláticas con el Instituto Nacional de Bellas Artes para organizar, en 2006, una función de gala con la Orquesta Sinfónica Nacional en honor de Carlos Chávez y Antonieta Rivas Mercado, así como una magna exposición en torno al universo de Antonieta, la cual podría realizarse en el Museo Nacional de Arte.



Mecenas de diversos artistas y proyectos culturales; traductora, ensayista, actriz; una apasionada del arte, pero también de la libertad, Antonieta Rivas Mercado "tenía una vena literaria maravillosa", señala Ruiz Cárdenas, quien recomienda a quienes apenas la conocen que lean México en 1928. Crónica de la campaña vasconcelista, "porque describe uno de los primeros fraudes electorales cometidos en México, y si bien habla de un país que ya no existe, plasma situaciones que se siguen repitiendo. Claro, también recomiendo que lean sus cartas, para que vean que no por ser mujer calló su amor o esperó que le dijeran que la querían".

En complicidad con Rodríguez Lozano y el grupo cultural Contemporáneos (con Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, primordialmente) Antonieta fundó y financió el Teatro Ulises, para llevar a escena obras europeas de vanguardia, de autores como Jean Cocteau, Eugene O'Neill y Claude Rogers Marx, entre otros.

El 13 de noviembre de 1927, Antonieta escribió a su amigo Alfonso Reyes: "Aproximadamente hará un mes que nos vimos un grupo de amigos con el fin de hacer teatro. Se trataba con un solo gesto, de abarcar un mundo. Crear un centro, aquí donde reina la dispersión. Divertirnos, arduo propósito en tierra de tristes y sanguinarios. Hacer otra cultura, donde bien pocos saben qué es cultura, y de paso, sacar de la nada al teatro mexicano".

La correspondencia entre Reyes y Antonieta fue recopilada recientemente por Antonio P. Rivas, publicada por la editorial Aladas Palabras. El libro se presentó el pasado 2 de agosto en la Capilla Alfonsina.

Antonieta fue "ferozmente antiyanqui; una declarada opositora al régimen político del Partido Nacional Revolucionario -antecedente del PRI-, una mecenas al estilo de Victoria Ocampo o de Anna de Noailles, una vanguardista o, presumiblemente, feminista; o una suicida inmolada por la pasión amorosa", escribe Fabienne Bradu en la introducción de la biografía Antonieta (FCE, 1991).


La imagen de Antonieta Rivas Mercado fue captada en el estudio del pintor Manuel Rodríguez Lozano en 1929 FOTO Tina Modotti

Otro gran amigo de Antonieta fue Federico García Lorca, a quien conoció en 1929, cuando el poeta granadino radicaba en Nueva York. De ese encuentro quedaron un par de fotografías que actualmente pertenecen a la Fundación Lorca de España y que fueron publicadas en diversos diarios con motivo del centenario del natalicio del autor de Romancero gitano, en 1998.

Casi ninguna publicación consignó entonces que entre "los amigos" con los que Lorca paseaba por el campus de la universidad neoyorquina se encontraba Antonieta. No obstante, Juan Ruiz encontró en un compilación de cartas de Lorca a su familia estas líneas escritas por el poeta, la primera semana de noviembre de 1929:

"Os mando una fotografía en la que estoy con María Antonieta Rivas, una mejicana millonaria, fundadora de la revista Contemporáneos y el Teatro Ulises de México, gran amiga mía; y de una muchachita hindú bailarina que es una preciosidad; y de un pianista de Hawaii muy bueno, que ha tenido gran éxito en Nueva York.

"Son tres raros, desde luego. Pero inteligentes y muy artistas los tres (...) Estos amigos vinieron a recogerme hace tres domingos para pasar la tarde juntos."

El libro Obras completas de Antonieta Rivas Mercado, compilado por Luis Mario Schneider y que incluye el diario de la escritora, detonó en Juan Ruiz Cárdenas su pasión por la hija del arquitecto porfirista Antonio Rivas Mercado, diseñador de la columna de la Independencia y director de la Academia de San Carlos.

Fue en un libro de Isaac Rojas, editado por la Universidad Veracruzana, donde el investigador vio por primera vez una foto de Antonieta: "Ella irradia algo. Más que belleza, fortaleza. Ella tendría que ser un ejemplo para las mujeres de hoy, quienes deberían participar más, tanto en la política como en la cultura, como lo hizo Antonieta.

"A cuenta gotas he hecho esta investigación. Quiero aportar lo que he encontrado para que Antonieta siempre esté vigente, y para que todo el material se quede en México", concluyó Ruiz Cárdenas.

sábado, 3 de febrero de 2007

Requién por una Azucena

Yo creo que un relato es siempre parte o continuación de los demás que hemos hecho, vivido, soñado u oído como bellas mentiras, y por eso suelo superponer algún trazo coloquial o algún nombre afín de no romper la unidad invisible de todo lo narrado. Y también están aquellos sucesos que nos transmitieron como reales, pero se ignora si quien relata ha sido testigo, protagonista o simplemente lector, y en este último caso el suscribirlos sería una apropiación indebida. Entonces el narrador contumaz toma la anécdota y la repite oralmente aquí, allá y quién sabe si de pronto aparezca el que le diga: Pero si eso lo leí en o lo escuché a... De modo que por simple eliminación o por cansancio de que nadie haya acusado hasta hoy el golpe, decidí contar lo de Azucena y Adelaida.



Vita



Azucena era la primera niña que había parido Adelaida, y las dos, hija y madre, se parecieron en algo más que la A inicial de sus nombres: una mancha de color vinoso que la chica heredara en plena mejilla, y que con el tiempo la ya adolescente disimuló mediante una leve caída de cabellera rubia en tal punto crítico. Y ese detalle de coquetería, por estar enamorada en silencio de un muchachuelo del barrio muy parecido en color a un cuadro naif: piel blanca, ojos azules, pelo rojo, pecas herrumbre puro, y al que quizás por tal policromía y brillantez le endilgaran el apodo de El Cometa.

La madre de Azucena, o sea Adelaida, dio a luz siete hijos en su corta vida matrimonial, que habrá durado aproximadamente el producto de esta breve multiplicación, 7 x 9 "= 63 meses, con algo de margen para los puerperios, es claro, menos el séptimo, al que no sobreviviera. Y como la dueña de aquella fecundidad estuviese tan ocupada en hacer esos siete chicos en tan poco tiempo, vino a ser la primogénita Azucena quien, desde que tuvo algunas escasas fuerzas, los acogió en sus brazos durante la época indefensa de cada uno. Es como una madre, se acostumbró a oír decir a la gente, viéndola siempre con niño vivo, nunca con muñecas inertes. O mejor dicho, cargando aquellos muñecos que berreaban, comían, ensuciaban el habitat, dormían y despertaban para volver a hacerlo todo de nuevo en un interminable ciclo.

Pero algo iba a suceder como un fenómeno muy especial no investigado aún por los relatores: que a medida que nacían, como si se fuera agostando el árbol luego de cada remesa frutal, las criaturas eran cada vez más chicas. Quizás por la rapidez de las hornadas, o por lo que la genética quiera explicar, el asunto continuó así en la línea evolutiva, o en la involución, si se mantiene fidelidad a la palabra. Y con el último niño, es decir el séptimo, la mujer murió. Y Azucena se abrazó a éste como a las anteriores, sintiendo cada vez menos el peso de la carga. De pronto, pasados ya siete años del

último vástago, a quien se le pusiera el obvio nombre de Septimio, se cayó en la cuenta de que aquel achicamiento progresivo de las crías había ido en serio: el niño era, y así lo confirmaron los médicos, enano, pero de un enanismo muy particular, ya que nunca pasaría de los cincuenta centímetros de estatura.

Azucena siguió con el enano en brazos mientras caían las hojas del almanaque con el color de las estaciones sucesivas. Los demás hermanos se fueron de la casa cada cual a su destino, como ocurre siempre para que este mundo sea un muestrario de diferencias. Y con el ensañamiento del tiempo al que nadie ha descrito en la exacta medida de su ferocidad, los años se abalanzaron sobre la ya mujer que, con el pequeño pigmeo encima, envejeció hasta llegar a los ochenta..

Por una operación matemática simple, fácil es colegir cuántos años tendría entonces Septimio, nacido durante el décimo de Azucena.

Y este vino a ser el final, un final tan humilde y tan anónimo que quedó sin registrar en ningún The End cinematográfico, en ningún libro de cuentas rendidas con el cielo, en ningún memorial de la tristeza. Porque lo cierto es que una tarde tibia de sol otoñal, parada Azucena en la puerta de su antigua y semiderruida casa -casa de cien años, mujer de ochenta, enano envuelto en ropas de bebé de setenta-, acertó a pasar un anciano decrepito apoyado en su bastón, la miró, descubrió cierta mancha vinosa de su cara, que también había sido la marca de la madre, y le dijo: Hola, doña Adelaida, ¿ »e acuerda de mí? Soy aquel muchacho pelirrojo del barrio a quien le decían El Cometa. Sabrá ahora que yo estaba enamorado de su hija Azucena, tan bonita y tan maternal, con su rebelde pelo rubio que le cubría un lado de la cara. Pero un día nos cambiamos de zona, yo me estiré, me casé, tuve hijos y nietos, enviudé, y hoy he venido a despedir a un amigo de la infancia que murió en la otra cuadra. Y no sabe cuántos buenos y bullangueros recuerdos me despertó el obituario a pesar de ser lo que era, un toque de silencio... Su voz de tortuga vieja, que deben tenerla como todos

los seres comunicantes, quedó flotando en el aire dorado unos segundos mientras el dicente se alejaba siempre renqueando. Y de pronto el hombre que recapacita, se vuelve y pregunta: Pero dígame, doña Adelaida, ¿hasta cuándo piensa usted seguir teniendo niños?



Mortis



Sí: Azucena murió allí mismo de un síncope. El homúnculo envuelto en puntillerías antiguas, rodó y se desnucó. Y esto último no lo contaba Gastón, pero hay que ser piadosos aunque a fuerza de la desnuda verdad, pues ¿qué iba a hacer un anciano tan pequeño en este inhóspito mundo?, ¿irse a vivir a una colmena para cuidar a la reina? Gastón sabe lo demás, hasta el nombre de la calle en que ocurrió aquello tan extraño,

unos niños que nadan cada vez más pequeños al punto de alcanzar lo absoluto. Yo respondo sólo del final, ya que suelo darme a investigar historias truncas, tengo un

banco de datos. No, computadora no, las fichas me caen más humanas. Al manejar la de Azucena creí aspirar un vaho sutil de leche coagulada.


Armonía Somers
Cuentos de ajustar cuentas
Ediciones Trilce - Montevideo 1990

Extraído de

http://letras-uruguay.espaciolatino.com/somers/requiem.htm

Armonia Somers

Una escritora uruguaya por demasiados desconocida.
Yo misma me subscribo a esta ignorancia. Lo poquito
que pude leer de ella fue de casualidad. Pero me habían
hablado mucho de ella. Una persona lo había hecho.Todavía
no podido bucear en su obra como me interesaría.

Este artículo está tomado integro de :

http://letras-uruguay.espaciolatino.com/benedetti/armonia_somers.htm

Armonía Somers y el carácter obsceno del mundo

Mario Benedetti





"No hay nada más obsesionante para ti hombre que eso que ha convenido en llamar el paraíso. No tanto porque lo imagine hermoso e interminable. Aunque se persista en decir lo contrario, nadie piensa que pueda existir algo que supere a la tierra, aun en la precariedad del tránsito”. La cita pertenece a un antiguo cuento de Armonía Somers(1), y su sentido sigue planeando sobre los relatos de La calle del viento norte (1963), obra con la que esta narradora reanuda su labor de creación, después de un silencio que duró diez años. "Nadie piensa que pueda existir algo que supere a la tierra”; acaso esta frase represente una clave para entender, apreciar, y también sufrir, las implicaciones metafísicas de esta extraña literatura. Porque esa exclusividad, ese precario monopolio que Armonía Somera reclama para la vida terrenal, paradójicamente no sirve para prestigiar esta residencia sino para comprobar su definitiva condición miserable.

Los horrores de este mundo podrían ser dignificados y hasta sublimados por la presencia de Dios, pero Somers parece descartar aquella presencia, para admitir en todo caso la existencia de un destino ciego que deja al hombre absolutamente a la intemperie, a solas consigo mismo. Es entonces, sólo entonces, que los horrores del mundo se convierten en un perverso absurdo, en una crueldad sin justificación. Ya que Somers define la vida como "un juego olvidado de la muerte” este libro vendría a ser, por lo menos en uno de sus sentidos, un memorándum destinado a reparar ese olvido.

Armonía Somers es sólo un seudónimo tras el que se oculta una investigadora, ampliamente conocida en el plano del magisterio.

Su obra narrativa se inicia con La mujer desnuda(2), largo relato que, a pesar de sus rengueras literarias, mostraba una confusa fuerza dionisíaca. Tres años más tarde, en El derrumbamiento (1953), la autora reúne cinco cuentos, en los que ya se anuncia cierta pesadillesca visión del mundo, cierta oscura, visceral asunción de un caótico y protervo azar. En esos relatos comparecían, en abierta pugna, virtudes y defectos. Por una parte, Somera se mostraba como una artista cabal, poseedora del difícil don de contar; por otro, la estructura de los cuentos era a veces tan débil y confusa que su sentido esencial se desdibujaba; el caos. el delirio de temas y personajes, llegaban a afectar el estilo y a quitarle al lector los asideros mínimos de la atención. En aquel momento, ese desajuste pudo parecer una pose del narrador, una mala digestión de lecturas riesgosas y seductoras, y así lo señalé(3).

El nuevo volumen de cuentos tiene un doble efecto: no sólo representa un logro en sí mismo, sino que además significa, con respecto a El derrumbamiento, una retroactiva justificación. Ahora, frente a un narrador que ha adquirido un claro dominio de su instrumento literario; que ha madurado en la concepción de su propio laberinto; que construye sus cuentos sobre estructuras mejor armadas y sobre diseños menos deteriorados por el caos; ahora sí es posible comprobar que los cuentos de aquel libro de 1953, aunque no totalmente realizados como la literatura que pretendían ser, no se inscribían en una pose literaria sino en una auténtica angustia metafísica. Justo es reconocerlo, aunque sea a diez años de distancia.

Si fuera obligatorio invocar algún nombre para señalar una afinidad con los extraños cuentos de La calle del viento norte, habría que salir de la literatura y acordarse de Ingmar Bergman: especialmente, de los filmes de su última trilogía. Al igual que el notable realizador sueco, Somers experimenta simultáneamente rechazo y fascinación ante lo demoníaco, ante el horror y las perversiones de lo humano. Su mundo es infernal y está poblado de seres crueles e incomunicados, que reservan la palabra solidaridad para el puntual ejercicio del odio. Pero donde Somers está más cerca de Bergman es en su relevamiento de la ausencia y el silencio de Dios ("Dios, yo nunca te tuve", dice la protagonista de "El hombre del túnel", "al menos en esa forma de cómoda argolla de donde prenderse en casos extremos, ni siquiera como la cancelación provisoria del miedo"). Toda su concepción de lo demoníaco, de la horrible atracción de lo abyecto, de las misteriosas segregaciones del Mal, parecen apuntar a una más oscura y profunda convicción: el carácter obsceno del mundo todo.

En el cuento que da título al volumen, el viento empieza "a retorcerse puerta adentro, como si lo que a él le ocurría no tuviese nada que ver con los entredichos de aquellos pigmeos sostenidos por milagro en sus dos patas. Él era parte de algo demasiado enorme que se había gestado mundo arriba, una preñez de cielo grande desvinculado por completo de los vientres mortales, apenas receptivos de su inmundo lastre". Aquí el viento es casi un sucedáneo de Dios; o sea que, aun en el caso de que Dios existiera, habría en Él una actitud tan ajena, tan poderosa, tan egoísta, tan sola, que automáticamente la vida humana como miserable excrecencia de Dios, se convertiría en algo obsceno, en "inmundo lastre". Pero si Dios además, no existe, o por lo menos no comparece para, con su presencia, otorgar sentido a seres y cosas, entonces su ausencia origina el absurdo, y ese absurdo es igualmente obsceno e igualmente horroroso.

Tal vez a esta altura el lector saque sus propias cuentas y deduzca que los de Armonía Somers no son cuentos agradables. Estará en lo cierto. Un loco que cierra un portal para que no pase el viento; dos niños celosos de su hermano muerto, que llegan improvisada pero conscientemente al crimen; un alacrán que oficia de azaroso verdugo; la insólita subasta de un sepulcro; cierta muchacha que persigue afanosamente la imagen de un violador. Estos son los temas de los cinco cuentos. Uno de ellos, "Muerte por alacrán", administra su dosis de terror con un ritmo y una precisión notables: es un título que no podrá faltar en ninguna antología del cuento uruguayo. Pero, con excepción de "La subasta" (pobre de lenguaje y, además, sostenido por una fantasmagoría demasiado obvia), los otros cuentos también consiguen, en su envase de violencia o de espanto, desarrollar una imagen de la crueldad que unas veces es absorbente y otras es sólo intimidatoria, pero que siempre impresiona por su fuerza innegable, por su capacidad de invención, por su tensión y su misterio, A un relato como "El hombre del túnel" ("cuento para confesar y morir" es el subtitulo) se le podrían acoplar numerosas interpretaciones, pero no es por ellas que va seguramente a sobrevivir sino por su declarada, vibrante obsesión, por la doble corriente de ternura y de asco que lo recorre y justifica.

Para asombrar con su propio asombro, Armonía Somers ha encontrado ahora un estilo severo, áspero, que a menudo incluye repentinos hallazgos verbales y una adjetivación particularmente imaginativa; un estilo que se corresponde como nunca con su visión desgarrada y distante, y que contribuye poderosamente a brindar una oprimente sensación de pesadilla. Frente a este libro insólito, singular, el lector (al igual que la autora frente a las diversas formas del Mal) podrá sentir rechazo o fascinación: pero es seguro que no ha de permanecer indiferente. Es cierto que La calle del viento norte es una obra sin optimismo y probablemente sin mensaje; pero también es el testimonio de una estupefacción, a partir de los grandes ojos abiertos con que alguien ve (o imagina, que es un modo doloroso de ver) los horrores de este mundo y la desesperanzada muerte de ese horror.

Referencias:

(1) "La puerta violentada" incluido en El derrumbamiento. (1963).

(2) Apareció por primera vez en la revista Clima, No. 2-3, 1950, y en 1951 como apartado de la misma revista. En 1967 fue reeditada por Arca.

(3) En una reseña publicada en la revista Número, año 5. No. 22, 1953

Noche y amanecer

Hoy a las 4 de la mañana estaba despierta.Por una
serie de razones no había podido dormirme. Y entré
al chat donde siempre entro y ahí por suerte
de los desvelos estaba G. Así que nos pusimos a
charlar como siempre, moviendo un poco el ámbito
imperante.Luego charlamos un rato por teléfono.Yo
estaba más que embolada y debía seguir despierta por
lo menos una hora y tanto más. La cosa fue que cuando
llego mi pareja( motivo del desvelo, malditas cerraduras
que se rompen) ya estaba desveladísima. Estaba por
amanecer con lo cual armé el mate y le dije vamonos
a ver el amanecer a la playa del Buceo. Y arrancamos,
con la frustación de que la panadería estaba cerrada
(lpm).
La playa estaba exquisita..Estaban limpiando la arena con
una máquina.Esa noche había ocurrido la celebración
de Iemanyá. Aprovechamos y nos mojamos los pies, el agua
estaba helada y caminamo un rato por la arena. Luego
fuimos hasta una zona de pasto y transparentes debido
a que yo quería juntar ramitas caídas de estos arbolitos
para hacer unos móviles. Y nos sentamos a mirar el amanecer y
unos pajarracos,que de lejos parecían patos, pero se movían
como pájaros..Al final creo que eran biguas. Unos bichitos
re bonitos.Había gente buscando restos de las ofrendas y otra
gente que llegaba a caminar como lo hace siempre. Pero
la mañana estaba serena, el cielo rojizo y el sol también.
Luego tomó su color amarillo habitual.

Todavía sigo despierta y dudo que pueda dormir hasta dentro
de un par de horas.

Ojalá que todos uds hayan tenido dulces sueños.

Lucía despabilada.

Neurosis capilares

Todas mis neurosis pasan por mi pelo.Es algo que
dos por tres digo sobre todo cuando cambio de color.N
ací on el pelo castaño..pero pasé por el negro azabache,
negro azulado,uva, caoba, rojizo, rojo violín, castaño
en varias variedades y ahora los claritos rubios. Y he
pasado también por todos los largos.Hasta los 16 tuve
el pelo largo,lacio por la cola.Lo que hacía que los
chicos me miraran mucho el pelo..como destino obvio de
la cola, luego me lo corté, intente tener rulos varias
veces( frustados intentos siempre) ya que mi pelo es mas
lacio que los reclames de lacios con brushing y planchita
de la tele.Lo tuve de todos los largos imaginados y cortos.
Hata el pelo bien cortito,e stilo pillín le dicen por estos
lares. Ahora me lo estoy dejando crecer.

Ya ven me aburre la permanencia de las cosas.O como me dijo
hombre una vez " a vos te aburre todo".Claro que otra respuesta
iba a dar el pobre cuando a cada cosa y media que decía yo
le argumentaba mis ideas. Qué cosa jodida cuando una mujer
tiene ideas propias.

Besos para todos..me voy a leer en otros soportes o
alguna otra cosa.
Hasta luego.

Lucía

PS-: ya pasee a mi cachorro y me duele las patitas.

Mamma mia III


Ahí van un par más de Patrick.Para las
delicias de varias personas.

Lucía

La estupidez no tiene límites III

Hace como dos años ya la mentadita revista a
la cual le pego hoy decidió sacar una edición
de novios. Bah los lindes del matrimonio.Claro si
pensamos de quien es dueña Paula y el diario nos cierra
totalmente que le ejerzan culto al matrimonio...
la iglesia católica y los blancos( el partido político).
Aclaración media al pedo para los de acá pero valida
para los extranjeros que nos leen.

El titular decía " Sepa como desvestirse
en su noche de bodas"

Creo que ni siquiera merece comentarios. Nunca pude leer
el artículo. Ni en pedo gasto plata en el diario para
leer tamaña estupidez.

Lucía

La estupidez no tiene límites II

Mira Vale la verdad no te conozco ni vos a mí, eso seguro. Pero mija si empezás a leer Paula a los 16 a los 30 vas a tener el cerebro arruinado.Atinale a Cortázar, a Henry James, García Márquez,Vargas LLosa y hasta a mí--... pero por favor muchacha ingenua no sigas arruinando tu delicado cerebro con ese tipo de periodismo basura.

Lucía

"Entusiasmo Adolescente



Antes que nada, felicitaciones por la revista. Tengo 16 años y soy lectora asidua de la misma. Me encanta la sección de moda, el horóscopo y Maitena, aunque no dejo de leer el resto. Me gusta mucho leer las notas sobre los adolescentes de nuestro país.

Mucha suerte, sigan así.
Vale."

extraído de la cartas de lectores a Paula en www.paula.com.uy

Re foolish

" Estoy re foolish, o sea re rubia" fueron las primeras
palabras de un mensaje de texto enviado hoy de tarde
a mi pareja. Se debía a que me había hecho de nuevo los
claritos y que estaba por tanto más rubia que hacía dos horas
cuando lo había visto por última vez.

Y es que cuando me enrubiecí( neologismo!) en julio luego
de tener el pelo color uva, un amigo me dijo que si quería ser
una rubia boba. Y yo le respondí que justamente era para engañar
a los tontos. Porque me verían y pensarían que era boba(
aludiendo al espantoso criterio de que las rubias son bobas)
pero en realidad no lo soy.

Un segundo mensaje de mi pareja hablaba de que ahora parecía una
chica Paula( en clara referencia a la revista Paula que saca el
espantoso diario El País). Una cosa así como una versión mala de
Cosmopolitan( y no es que esta sea buena).

La respuesta obligada a mi pareja fue " Que para ser una chica
Paula me sobraban unos millones de neuronas".

Así que rubia pero inteligente..Qué lío para los pobres tipos.

Lucía muerta de calor que lo pario!